¿Se puede medir la felicidad?

Los británicos no solo conducen por la izquierda y se desayunan con alubias en una rebanada de pan de molde, sino que ahora pretenden medir la felicidad. ¡Aquí les dejo algunas ideas, por si los ingleses visita mi blog!

Para colmo su colega francés, Nicolás Sarkozy, encargó algo similar a un economista, Joseph Stiglitz, cuando en rigor definir la felicidad es tarea de un filósofo. ¡Hasta ese extremo también está degradada la filosofía en la patria de Descartes!

Para empezar la felicidad no tiene una causa física sino “espiritual”; es decir, no proviene de una “sensación”, que sería “placer”, ni de una “reflexión” o “descubrimiento”, que sería “alegría”, sino de una “sugestión”.

A pesar de que puedan acaecer de forma simultánea, “placer, felicidad y alegría” tienen causas distintas. La felicidad está causada por las cosas agradables que “pueden” llegar a sucedernos en el futuro: “Estoy feliz porque mañana veré a mi novia”. En tanto que la alegría es lo agradable que “nos sucede” en el presente: “¡Qué alegría me da verte! (a la novia)”.

En el primer caso “imaginamos” algo, en el segundo “reconocemos o descubrimos algo” y ya no imaginamos. En resumen, la felicidad es una emoción que tiene su causa en la “imaginación”; es decir, consiste en “soñar despiertos”.

Por tanto la condición fundamental para ser feliz es “imaginar”, y para imaginar deben darse unas circunstancias específicas que definirán, a su vez, la intensidad de la emoción de la felicidad. Estas circunstancias son fundamentalmente tres:

1. Libertad: Quien es libre puede imaginar cualquier cosa.

2. Edad: Cuanto más tiempo futuro tengamos más espacio para la imaginación.

3. Plenitud de facultades: Cuanto más potencialidades se tienen más amplia es la facultad de imaginar.


Ahora sólo me queda dar algunas explicaciones.

En el primer caso tenemos la evidencia de que la felicidad máxima se colma con la libertad máxima, de ahí que la utopía sea el clímax en toda aspiración de felicidad.

Toda propuesta política que prometa felicidad tiene que estar necesariamente basada en una utopía, sea el “sueño americano” (uno de los artículos fundamentales de la Constitución norteamericana es el “derecho a la búsqueda de la felicidad”), o el “estado social perfecto”; es decir, la propuesta revolucionaria fracasada en la ex Unión Soviética. Queda la utopía ecológica, en la que estamos trabajando en estos momentos.

No hay mayor infelicidad que la causada por la privación de libertad, que no es otra cosa que la “mutilación” de la imaginación.

En el segundo caso la edad es un factor fundamental para el goce de la felicidad, pues con la vejez la imaginación de nuevas situaciones agradables queda dramáticamente cercenada.

La estrategia para superar el dilema de la ausencia de futuro es imaginar una segunda vida en alguna otra parte (otra vez la utopía), estrategia a la que suelen recurrir los ancianos, y en especial la ancianas, infinitamente más imaginativas que los hombres. Es decir, la felicidad del viejo está en el “otro mundo”, la del joven está en éste.

Si tuviéramos la certeza de que no hay “otro mundo” el número de suicidios aumentaría dramáticamente. La gente se suicidaría tan pronto como dejara de imaginar, que en términos más comunes también podemos decir “perder la ilusión de vivir”.

Por último están las facultades físicas y mentales, “Mens sana in corpore sano”. Para imaginar es preciso tener la sensación de “poder realizar lo soñado”. Un enfermo, mental o físico, difícilmente puede verse a sí mismo gozando de ciertas situaciones propias de las personas sanas.

Pero también ciertos hábitos sociales pueden ser contraproducentes para el goce de la felicidad. Por ejemplo, una sociedad excesivamente regulada no deja espacio para la imaginación, pero una sociedad caótica crea demasiada incertidumbre, lo que perjudica también la imaginación. Como siempre, en el término medio está la virtud y la posibilidad de mayor felicidad.

No podemos concluir sin hacernos la pregunta habitual: ¿El dinero hace la felicidad? ¡Sin duda!, pues una de las condiciones para poder imaginar situaciones agradables es precisamente ¡poder hacerlo! Naturalmente que esto es puramente teórico, porque en la práctica la posesión de dinero (una considerable suma, claro) lleva consigo la incertidumbre de su seguridad, lo que limita considerablemente las posibilidades reales de imaginar aquello que podemos hacer con él.

Sin duda que puesto que la felicidad es “pura y simple imaginación” quienes son verdaderamente felices son los niños y los místicos, porque ambos tienen las facultades adecuadas para gozar plenamente de la emoción de la felicidad.

Los niños porque son libres y tienen futuro, sin que tengan todavía ni el sentido de la responsabilidad que la limita ni la sensación del paso del tiempo; y los místicos por la misma razón, ya que están plenamente convencidos de la existencia del Paraíso, que les está reservado, de manera que pueden imaginar una utopía perfecta.

Tanto San Juan de la Cruz como Santa Teresa debieron ser las personas más felices de su época, tanto que la santa “moría porque no moría”; es decir, vivía ya plenamente la otra vida creada en su exaltada imaginación, pero que era la causa de su felicidad.

Resumen para el departamento de Estadísticas de su Graciosa Majestad

A la hora de diseñar las preguntas del cuestionario deben tener en consideración cuatro grandes grupos sociales: niños, adolescentes, adultos y ancianos.

Los factores decisivos de la felicidad son: salud, libertad, seguridad, edad e ingresos (tal vez en este mismo orden).

Otro factor importante es el estatus nacional, pues por las razones expuestas los emigrantes no pueden integrarse dentro del grupo de los nacionales, en especial los “ilegales” o con permisos de residencia temporales.

Algunas preguntas claves que debe incluir el formulario:

¿Confía usted en gozar de una vida larga y saludable?

¿Cree usted que el futuro le reserva sucesos agradables?

¿Vive conforme con su suerte, o cree que puede mejorar?

¿Goza usted de la libertad necesaria o aspira a ser todavía más libre?

Sino no está enamorado de alguien, ¿cree usted que llegará a estarlo?

¿Cree que mejorará pronto su situación económica?

¿Cree usted en la realización de las utopías?

¿Cree usted en Dios?

Si alguien responde afirmativamente a estas preguntas, ¡sin duda que se trata de una persona feliz!

(Nota para el Departamento de estadísticas: No es necesario que me den las gracias, me haría más “feliz” que me ingresaran 1000 euros en mi cuenta bancaria)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

Ingeniería literaria

Libros, lectores y vino.

En la luna de Babel

Blog sobre lenguas y traducción

Patrulla de salvación

El libro está en peligro. Desde este blog, la sargento Margaret y sus amigas estarán atentas a lo que ocurre en el mundo editorial en castellano para denunciar todo aquello que pueda hacer daño al libro. Para contactar: margaret.salvacion@gmail.com

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: