¡Sin novedad en la gran ciudad, mi general!

Me gusta la gente; me gusta verla y observarla. Pero que no sepan que les estoy fotografiando con mi súper cámara digital de 1,3 mil millones de píxeles, inventada en tiempos del Génesis, porque Dios, antes de nada, inventó la fotografía, pensando en que algún día existirían los japoneses, y pese que en su mayoría no son cristianos, todos debemos tener un Dios común; el de la fotografía. Cada gente, asítt sin entrar ahora en detalles, tiene algo que en términos vulgares se dice “un mundo”, y cada mundo contiene tal diversidad de matices, sentimientos y emociones que uno no puede evitar pararse y observar. Para ser escritor hay que fotografiar a la gente casi sin darnos cuenta, con la cámara celestial claro, como he dicho antes, y al llegar a casa hay que revelar el carrete, bien sea en un trozo de papel más o menos rectangular o en la memoria prodigiosa de un portátil (siempre que sepamos cómo guardar lo escrito). Si se quiere ser escritor y se carece, a) de cámara celestial, o b) de laboratorio personal, estamos sinceramente perdiendo el tiempo. Perder el tiempo es hacer algo para lo que no servimos, y ganarlo es hacer lo que sea pero para lo que servimos. Pues bien, yo no se si sirvo para escritor pero creo que es lo único que sé hacer medianamente bien. Por eso hoy me he dado cuenta de algo fundamental: la gran ciudad padece de una terrible enfermedad de normalidad contagiosa. Yo me he contagiado, por eso cada vez soy más normal y hago lo que se espera que haga siendo una persona normal. Lo digo por lo que he visto esta misma tarde, entre la popular zona de estación de tren del Zoo (Zoologischengarten Bahnhof) y la librería Hugendubel (Buchhandlung), que está justo al otro lado de la plaza. Veamos: – Una americana de Kentuky, de vacaciones en Berlín, canta en la explanada de la iglesia como siempre baladas country, a lo Joan Baez y tienen pecas. Normal. – Las gitanas rumanas de la etnia roma van por ahí con sus hijos ajenos, dándonos a leer un papel con una prodigioso relato de desgracias personales, y los niños, pobres, ni se atreven a llorar, tengan o no tengan hambre. Normal. – El matrimonio de Spandau, de clase media baja, pasean con su 1,3 hijo (s), que les toca por estadística. Normal. – La peluquera del salón se coloca por trigesimoquincuajésima vez el mechón rojo detrás de la oreja, pero no hay manera que se lo sujete con una horquilla, como hacía mi abuela (que descansa, pero no se si en paz). Normal. – El montador-electricista de la Siemens, que “plega” a las cinco, anda ya con su BMW de los años 70, amarillo por supuesto, con el estéreo a tope, y la música no es desde luego de Bach. Normal. – El parado de larga duración, con corbata amarilla, que por lógica tiene que pasar los 50, anda ya medio borracho, pero ni se le nota, porque no quiere que nadie se entere de lo que lleva impreso en la frente “Pa-ra-do-de-lar-ga-du-ra-ción”, “blick, blick…” (letrero intermitente y perfectamente visible). Normal. – La empleada de Nokia, en el departamento de marketing juvenil, se está probando otra blusa negra en Espirit, no sabe en qué gastar el dinero pero le han inculcado que el dinero es para gastarlo. Ya no es tan joven, debería pasarse al KeDeWe; debería dejar de comprar blusas negras y tejer calcetines de bebé, pero el márketing la tiene muy ocupada. Normal. – El nigeriano y su pandilla llevan ya tres horas dándole a los bongos. Por respeto a la kentukiana, la de las baladas, se han ido al árbol de enfrente, pero están ya hasta los flecos de la sariana de la dichosa americana y sus tontas canciones. Normal. – Las empleadas de una fábrica de lo que sea van cogidas del brazo, ocupando toda la acera de la K’Damm, pegando unos gritos del demonio para llamar la atención de gente que ni conocen ni conocerán jamás, porque ellas no han nacido para conocer ni para ser conocidas, sólo han nacido y con eso basta y están de suerte. Normal. – El ejecutivo del traje impecable acaba de salir de la oficina y se puede observar que del portátil todavían le salen cifras y datos calientes, que ponen la calle hecha un asco y la hacen resbaladiza. Normal. – El courrier de la bici de carreras se salta como siempre el semáforo, por chulería y por la urgencia del reparto, pero yo diría que más por chulería. Normal. – El don nadie sigue sin aparecer por ninguna parte, pese a que está en todas partes. Si uno nace “don nadie” es por demás que trate de aparecer por algún sitio, pese a no dejar de estar en todas partes. Normal. – Un señor ya mayor pero normal está parado en el semáforo, esperando a que se ponga verde, y se dice: “¡Cómo ha cambiado Berlín en cincuenta años!”. Pero es mentira, el que ha cambiado es él, Berlín sigue como siempre, pero no quiere reconcerlo y prefiere echarle la culpa de su vejez a la infeliz ciudad, que no puede defenderse. Normal. – Dos estudiantes se dicen cosas sin sentido porque todavía no les han enseñado a hablar con sentido, pero esperan aprenderlo ¡para eso son estudiantes! Lo que pasa es que son de una carrera técnica, telemática, posiblemente, y de momento se comunican con bytes y otras palabras raras. Cuando sean mayores utilizarán palabras normales, como “hola”, “qué tal estás”, “cómo van esos amoríos”, etc. Normal.  – Por último, el más normal de los normales mortales, el cajero del súper acaba de darse cuenta de que se ha dejado el gas encendido en su casa, pero como le quedan dos horas más de caja, es probable que se le incendie la casa. Cualquier juez el eximiría de culpa si ocurriera una desagracia, porque ¿alguien a visto alguna vez que un cajero de supermercado se ausente de su caja en horas punta? ¡No señor, los cajeros no hacen eso! Normal. Podía estar contando miles de tonterías semejantes, pero si lo vemos desde el lado serio, nos damos cuenta que consumimos nuestra breve existencia dentro de la más absoluta normalidad, porque lo normal lógicamente es ¡ser normal!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Entramado de sentimientos

Relatos, cuentos, historias y libros escritos por Anne Kayve

.::Hobby.2::.

Reseñas de Libros

Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

Ingeniería literaria

Libros, lectores y vino.

En la luna de Babel

Blog sobre lenguas y traducción

Patrulla de salvación

El libro está en peligro. Desde este blog, la sargento Margaret y sus amigas estarán atentas a lo que ocurre en el mundo editorial en castellano para denunciar todo aquello que pueda hacer daño al libro. Para contactar: margaret.salvacion@gmail.com

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: