La filosofía: ¡seducida y abandonada!

La filosofía es como una bella mujer, que nos seduce por sus encantos, pero apenas abre la boca nos aburre con su «pedantería» intelectual. Pero la filosofía no puede ser «tonta» ni «entretenida» sino «inteligente» y «seria» o de otro modo dejaría de seducirnos, es decir, perdería su belleza.

Se han dado muchas definiciones de la filosofía, como la original de «Amor por la sabiduría», más tarde «Reflexión metódica» o «Operar con los conceptos», etc., pero yo tengo la mía propia: «La filosofía es el arte de entender», es decir, que es sobre todo un «arte» y que su obra es el «entendimiento», donde está reflejada la «sabiduría».

La diferencia entre arte y ciencia es que el arte surge de la intuición y la ciencia de la experiencia. Podía haber dicho de la «imaginación», pero entonces no sería el arte adecuado para la filosofía sino para la teología, como lo demuestran los frescos de la Capilla Sixtina, donde la imaginación de Miguel Ángel nos muestra una «idea» de Dios sin haberlo «experimentado» ni «razonado».

La intuición es una fuente de saber desconocida y especialmente maltratada en tiempos en que domina la pura y simple experiencia, es decir, la ciencia. Las personas intuitivas acaban en las jaulas de los zoológicos, como «bichos raros sin calificar», y no atraen mucho la atención de los visitante. Sin embargo no hay un sólo niño que no sea una «persona intuitiva», pues al carecer de experiencia no tiene otra fuente de entendimiento que su intuición, ¡por eso los niños que se crían en un ambiente de libertad son tan listos y creativos!

Yo no soy un niño, ni probablemente sea muy listo, pero me considero intuitivo, por eso voy camino de convertirme en un «bicho raro» y con toda probabilidad acabaré en la jaula de un zoológico. Pero antes espero poder terminar este nuevo libro sobre la filosofía.

Como vivimos dominados por la técnica y por la ciencia conocemos infinidad de cosas «útiles», como el uso de complicados programas, navegar por Google, usar el móvil con el dedo pulgar o las claves del genoma humano. Incluso para no ser derrotista, podemos decir que entendemos muchas de las cosas que conocemos, pero mi objeción, la que trato de exponer en este artículo, es que ¡no entendemos cómo lo entendemos! Es decir, no sabemos qué es el entendimiento en sí mismo. ¡Para eso sirve la filosofía!

Por eso decía que debe ser el arte del entender.

Sabemos lo qué es el cerebro, pero no qué es la mente; sabemos lo que es la materia, pero no qué es la entidad; sabemos lo que es la naturaleza, pero no qué es el ser; sabemos lo que es la consistencia, pero no qué es la existencia; sabemos lo que es la fuerza dinámica, pero no lo que es la fuerza de voluntad, etc. Es decir, entendemos el mundo por su lado meramente físico o científico, pero ni nos molestamos por conocerlo desde su lado «metafísico», es decir, filosófico.

Sin embargo todo cuanto sabemos tiene su causa en la mente y no en el cerebro, es decir, que en el origen fue la filosofía y después llegó la ciencia. O dicho de otro modo, en el origen está la intuición y al final la experiencia.

La intuición, por tanto, es la causa misma del entendimiento, pues sin intuición Eva no hubiera tenido la ocurrencia de morder la manzana.

El entendimiento no es el resultado de operar con cosas, sino con ideas y las ideas no son materia de la ciencia sino de la filosofía. El entendimiento no se puede analizar con un microscopio, sino que sólo se puede demostrar con una reflexión lógica y razonable. El entendimiento es el resultado de pensar en cómo y por qué pensamos, sin salirnos del puro pensamiento.

Por eso la filosofía debería ser una asignatura de preescolar, para que los niños «entendieran» por qué entienden lo que conocen. Sin embargo la tendencia es todo lo contrario: puesto que no puede verse en un microscopio «no entendemos qué es la filosofía» y la consideramos irrelevante e innecesaria, además de pedante.

Así es que ya tenemos que es la gran amante aborrecida de nuestra cultura actual, donde conocemos y entendemos muchas cosas, pero no entendemos por qué lo entendemos.

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