Historia del fin del mundo

Para los habitantes de las Galaxias Centrales, que visitaron nuestro planeta en los años 127.321.824, 58.640.000 y 11.230 a. C.

A pesar de que según mis informes los terrícolas no eran muy listos (digo eran, porque les hablo desde el futuro) estoy seguro de que algunos de ustedes, excluidos los académicos, porque al referirme a ustedes lo hago al ciudadano de a pie, los más dotados e inteligentes, se habrán dado cuenta de que en el título de esta historia hay una aparente contradicción: ¿cómo es posible hablar de la historia del mundo si ha terminado? Pero no hay ninguna contradicción porque, como ya les había advertido, les estoy escribiendo desde el futuro. Es muy probable que no puedan hacerse una idea de qué futuro les estoy hablando, pero no obstante les proporciono la cifra concreta para que si pueden lo entiendan, vivo a 19,9×1010 años de su tiempo. Y ahora les paso a explicar los detalles.

He tenido la suerte de que mis padres eligieran como residencia el pequeño planeta Heperión, que está situado en un sistema solar de una de las pocas constelaciones de la última galaxia del universo, Galatea. Digo que es una suerte porque es el planeta de moda, donde sólo vivimos unos cuantos privilegiados. No sé que pasará en los próximos años, pero por el momento gozamos de una naturaleza joven y virgen, y además no hay insectos. Aquí todavía no había seres humanos cuando llegamos nosotros, razón por la cual el medio ambiente está intacto. Claro que hemos tenido que hacer algunas obras de acondicionamiento, como cambiar el curso de algunos ríos para que desembocaran en otros océanos, porque hemos eliminado un par de ellos para conseguir más terreno urbanizable, y taponar algún que otro volcán que amenazaba con complicarnos la vida. Por el momento bien puede decirse que este planeta es el paraíso, aunque sospecho que no durará mucho, porque está corriendo la voz de su buen clima y características por la galaxia y pronto seremos demasiados para un planeta tan pequeño.

Antes de que les proporcione más detalles de mi mundo, quiero explicarles un poco por encima, hasta el punto que crea que ustedes están capacitados para entenderlo, la razón por la cual están leyendo algo escrito a 163.000 millones de años luz de su planeta (cuando existía) y en el tiempo futuro que les había mencionado con anterioridad. Tanto el tiempo como el espacio son relativos y su posición depende del momento presente en que se mire. Para entendernos, todos los momentos presentes está a disposición de cualquiera, desde el principio al final de los tiempos. Para que lo entiendan con un ejemplo de su época, es como un video de ese sitio tan popular que tienen ustedes en Internet, creo que se llama YouTube o algo así. Cuando ustedes pinchan en el botón del comienzo se abre una barra que contiene toda la duración del video y pueden, si lo desean, ver el video en el momento presente que elijan, pudiendo ir directamente al futuro y volver luego al pasado. Pues el tiempo espacial es igual. Lo que no puedo revelarles son los detalles de la máquina que hemos inventado para pinchar en un punto o en otro del tiempo real, sencillamente porque esta terminantemente prohibido utilizarla sin autorización oficial. Como sé que ustedes no están capacitados para revelar mi secreto, habida cuenta de que son ya del pasado, les diré que mi padre es un pez gordo, y tiene acceso a las claves para viajar por el tiempo, así es que ya se estarán figurando cuál es la faena. ¡En efecto, le he birlado las claves para enviarles a ustedes este relato, que estoy seguro les va a interesar! No les digo mi nombre porque no es de su interés el saberlo, ni quiero créditos ni popularidad ni nada de eso. Lo hago un poco por divertirme y también porque mis ancestros eran de su planeta, aunque en casa prácticamente no hablamos nunca de este asunto. Al parecer ustedes, los terrícolas, fueron una de las especies de seres humanos más complicadas y contradictorias del universo, y la que tardó más tiempo en civilizarse y entenderse, ¡y no exagero! Aunque en mi clase de historia no se habla mucho de ustedes, yo por mi cuenta he consultado la hemeroteca universal, la que hemos podido salvar después de tantos viajes y mudanzas de una galaxia a otra, y me hace gracia las ideas que tenían ustedes sobre el fin del mundo. Por cierto que como no manejo muy bien esta complicada máquina de enviar mensajes en el tiempo, no sé en qué siglo estarán ustedes cuando la reciban. Yo he leído mucho sobre el siglo XXX, pero es bastante aburrido. Lo más interesante es lo que les sucedía a ustedes hacia el siglo X, con todas esas absurdas predicciones apocalípticas y ese fanatismo religioso que, a decir verdad, a mí me parece casi gracioso si no fuera por esa afición que tenían a quemar científicos y supuestas brujas en la hoguera. Naturalmente que me sorprende que durante tantos siglos se mantuvieran ustedes en sus trece, y siguieran creyendo esas ideas tan imaginativas y disparatadas. Menos mal que el siglo XXI empezaron a cambiar las cosas y les entró un poco de sentido común, y, aunque con dificultades y violencias, lo fueron superando poco a poco. Pero, como les decía, no fue hasta el siglo XXX que ustedes se civilizaron completamente y consiguieron llevarse bien y entenderse. Lo que sucedió en los siglos siguientes es más o menos bien conocido, porque entra ya en nuestros planes de estudio, dentro de la asignatura de «Historia de los planetas habitados del universo», una de las materias que más me gustan y en la que espero doctorarme. Por cierto, tal vez les alegre saber que por aquí seguimos escuchando a Bach, ¡uno de los pocos músicos de la Tierra que siguen actuales después de esta pila de años! Lo que pasa es que su música, especialmente los Oratorios, es verdaderamente celestial, en todos los sentidos de la palabra. ¡Pero a lo que iba!

Cómo según mis cálculos deberán recibir ustedes este mensaje a principios o mediados del siglo XXI, veo por mis apuntes que siguen ustedes sin saber mucho a cerca de la composición y forma del universo, pero que ya tienen teorías bastante aproximadas. Seguramente que lo que yo pueda decirles a cerca de este asunto sea limitado y muy por encima, pues la asignatura de astrofísica nunca la he tragado, y, para colmo, detesto la química, así es que me limitaré a exponerles las ideas básicas muy por encima.

El universo, el nuestro desde luego, es esférico. Forma adoptada por efecto de la gravitación, ya que este universo gravita con relación a otros universos, cuyo número es todavía desconocido, pero se habla de cantidades astronómicas y difíciles de cuantificar.

En cuanto a la formación, se trata de un verdadero «choque» de dos universos paralelos que dieron origen a una gigantesca descarga de energía positiva y una partícula de energía negativa. Esta polaridad inicial de la energía se fue organizando creando sustancias aparentes capaces de contener masa y dar comienzo a la gravitación, y, por consiguiente, a su formación y posterior desarrollo. Al mismo tiempo, gracias a la información contenida en la energía positiva, fue desarrollando ciertos organismos latentes, junto a las sustancias inorgánicas, las que gravitaban, dando así origen en el tiempo a los astros y a sus naturalezas, viables en algunos de los posteriores planetas de sus billones de estrellas. Naturalmente que tanto los universos creadores como el creado permanecen en lo que llamamos el «exouniverso», que no es más que otro universo que, ¡espero que lo entiendan!, contiene los billones de universos menores más o menos conocidos. Esta compleja realidad espacio-temporal, de origen desconocido, permite en todo momento que las sustancias con masa se organicen dentro de las leyes inmutables de la gravitación y las fuerzas electromagnéticas consiguientes a cualquier nivel que se produzcan, y en cualquier dimensión tiempo-espacio. Y con esto ya les he resumido lo fundamental, el resto no es importante, excepto, claro está, el final, razón por la que me he arriesgado a que me pesquen enviándoles este mensaje y me cueste algunos meses de paralización integral. ¡Espero que no se enteren!

Primer dato importante: a pesar de que desde su tiempo han transcurrido ya la cifra de años que les notificaba con anterioridad, el mundo en realidad todavía no ha terminado, aunque ya hemos calculado con cierta precisión los años que todavía le quedan, que serán entre 6.100 ó 6.200 años, eso si no sucede algo accidental. O sea, que no hay por qué apresurarse, porque tenemos tiempo de sobra para pensar qué haremos cuando llegue el momento final. Para que ustedes lo entiendan, aquí consideramos como mundo el universo ya perfectamente delimitado y conocido, y que, como decía, tiene forma esférica, con un radio de 134.000 millones de años luz. Bueno, tengo que puntualizar de estas cifras son de su tiempo, porque ahora es bastante más pequeño, y ni siquiera es esférico, ¡ya que parte está sumido en el caos! En su tiempo su planeta estaba a unos 53.000 millones años luz de la periferia y a unos 40.000 millones de años luz del centro. Por entonces el universo gozaba de buena salud y estaba en expansión, que duró todavía 8,400 mil millones de años. Pero a partir de ese momento, empezaron a colapsar ciertas estrellas, provocando los primeros caos gravitacionales entre sus constelaciones, para terminar afectando a toda la galaxia. La primera galaxia en colapsar fue Mimas, y sucedió hace ahora 1.232 mil millones de años, y estaba situada al borde mismo de la esfera universal, en la zona más densa, razón por la que fue una de las más afectadas, ya que el universo tiende a concentrar su energía en el centro. Por esta razón en la Vía Láctea, su galaxia, ¡ni se enteraron! De todas formas por entonces ya no había seres humanos inteligentes en su planeta, y los seres vivos que quedaban no estaban capacitados para comprender estas cosas.

De manera que puede decirse que el universo estuvo sano y en plena expansión durante 22.100 mil millones de años, y a partir de ese momento, y por un periodo estimado de tan sólo 1.120 mil millones de años podemos decir que comenzó el fin del mundo. Por tanto, desde el colapso de la primera galaxia hasta el día en que les hablo, han trascurrido uno 1.060 mil millones de años, y como les decía, nos quedan tan sólo algo más de 6.000 miserables años de existencia.

Hasta este preciso momento ha colapsado el 99.2% del universo, que está sumido en un caos total y ha perdido ya el 74% de su espacio, siendo ahora su estructura multiforme e impredecible, puesto que una vez que sucede el caos gravitacional cada astro hace lo que le viene en gana y se integra o desintegra sin un orden ni concierto, pero la tendencia es a perder espacio y, por tanto, tiempo, pese a que conserve su misma masa aparente, pero totalmente irregular y deforme.

Puede decirse que ahora nosotros, y los otros millones de mundos habitados de nuestra galaxia, vivimos ya al borde del abismo, para entendernos, el extremo del universo y en la zona que todavía conserva gravitación y por tanto cierta forma estable, de otro modo como es natural la vida no sería posible en este hermoso planeta. Esta es una zona muy densa, porque es lo que podríamos llamar la «piel» del universo, la zona que está en contacto directo con el abismo y la más afectada por la pérdida de energía.

En realidad si les pongo un ejemplo sencillo lo entenderán. Imagínense que el universo es una manzana. Nace gracias a la polinización, es decir, gracias una partícula o polen que se introduce el óvulo femenino, y este contiene una cantidad potencial de energía capaz de formar la manzana, ¡con otros aportes exteriores desde luego; es decir, con la ayuda de otros universos paralelos más viejos y los componentes vitales del exouniverso!

La manzana tiene un periodo de formación estable, que responde a una especie determinada y sus estructuras molecular y atómica son también estables. Este periodo es el que tendrán ustedes en la Tierra en el tiempo en que reciban este mensaje. Es decir, la manzana es todavía joven y no ha madurado, pongamos que están en el 65% de su previsible existencia y aún le queda energía potencial para continuar su expansión o desarrollo. Cuando el universo alcanzó su madurez, 22.100 mil millones de años después, digamos que se desprendió del árbol y se inició un rápido proceso de desintegración, y como ya están cansados de experimentarlo, el proceso consiste en que la forma espacial de la manzana colapsa y poco a poco su estructura se va desintegrando adoptando formas caóticas, que no responden a ninguna prevista por la naturaleza, hasta que la manzana se pudre completamente, en cuyo caso puede decirse que pierde completamente su forma original para convertirse en una masa caótica que es diseminada en la tierra o espacio exterior que ocupa, en este caso, el exoespacio. Bien, espero que con este sencillo ejemplo lo habrán entendido, y, desde luego, que para ustedes son noticias tranquilizadoras, porque, como les he dicho, el universo en el tiempo de ustedes sigue siendo joven y está en expansión. ¡Pero no es el caso del universo nuestro actual! Para que nos entendamos, a la manzana sólo le quedan algunas partes todavía sanas, pero dentro de unos 6.000 años todo se habrá terminado. ¡Entonces es cuando realmente se acabará el mundo, algo que en su tiempo era una absurda obsesión! Y es ahora cuando les relataré lo más importante de esta historia, y la causa precisamente de esa obsesión.

Como ustedes deben suponer, por muy retrasados que estén en asuntos de física astral, si la Tierra pertenece a una galaxia, la Vía Láctea, que es relativamente joven, existen otras galaxias, las situadas en el centro del universo, muchísimo más antiguas. Si en su galaxia el ser humano como tal apareció hace un millón y medio de años de su tiempo y adquirió la capacidad de concebir y reproducir imágenes hace unos 35.000 años, durante el paleolítico, deben aceptar que en las galaxias centrales el ser humano surgió con muchísima más antelación. Para entendernos, el equivalente al homo sapiens de ustedes surgió en estas galaxias con 136.000.000 de años de antelación. En el relativamente corto espacio de tiempo de 1.322.000 años llegó a disponer de una tecnología espacial capaz de realizar viajes intergalácticos.

Por entonces se había constituido un Consejo Intergaláctico que abarcaba 131.472 galaxias centrales, y decidieron realizar una serie de viajes expedicionarios a planetas habitables situados en las galaxias más jóvenes y alejadas del centro para conocer sus características naturales y su estado de evolución. En un periodo de tiempo de alrededor de 128 millones de años, realizaron tres visitas a la Tierra. La primera durante la era de los dinosaurios, en el año 127.321.824, la segunda durante el dominio de los grandes primates, en el año 58.640.000, y la tercera y última, y también la más polémica, durante el Paleolítico superior, en el año 11.230, antes de Jesucristo, desde luego.

Fue polémica porque en el Consejo de las Galaxias Centrales se había tomado la resolución de no intervenir en la evolución mental de los posibles seres ya humanos que hubiera en los planetas del resto del universo; es decir, decidieron no visitar aquellos planetas habitados cuyos seres humano hubieran alcanzado cierto nivel de conciencia y desarrollo cultural que les permitiera representar ideas en grabados o dibujos, precisamente para evitar que su presencia pudiera ser registrada y mal interpretada. Se discutió mucho acerca de si era o no conveniente volver al planeta Tierra tras la segunda visita, ya que sus modelos informáticos de previsión de desarrollo mental de los terrícolas parecían indicar que habrían alcanzado ya este nivel. No obstante, aprovechando el viaje a otros planetas habitados de la Vía Láctea más subdesarrollados, hicieron una última y polémica visita a su planeta.

Recorrieron varios continentes, pero se entretuvieron más en lo que hoy llaman ustedes América del Sur, Oriente Medio, y la actual China, donde tomaron muestras de todo, e incluso se llevaron a 12 seres humanos de las diversas razas que encontraron y que a ellos les parecía que tenía una mentalidad más avanzada, y que no regresaron ya a la Tierra. Lo peor fue, como les decía, que su presencia fue rudimentariamente registrada en grabados y pinturas, y como desconocían su lenguaje, los ingenuos habitantes de la Tierra creyeron que se trataba de dioses, y con el tiempo idearon toda una compleja mitología de seres extraterrestres supuestamente divinos. Mitos y leyendas que dieron origen a las diversas religiones. ¡Y eso es precisamente lo que pretendía evitar el Consejo de las Galaxias Centrales, pero que en el caso de la Tierra no pudo evitar!

El problema principal fue el malentendido a cerca de su falsa divinidad y su previsible nueva venida a la Tierra. Como pudieron les hicieron comprender a los atrasados humanos que ellos sólo retornarían a nuestro planeta en el caso de que se produjera alguna catástrofe natural que amenazara la supervivencia de la especie humana, como era previsible que sucediera en un razonable número de años, cuando el sol iniciara su declinar y se fuera agotando su capacidad de fusión. Esto se sabría al observar las manchas solares, pues indicaban el agotamiento de su energía. Claro, ellos señalaban el sol y los inocentes humanos creían que les estaban mostrando el lugar de donde provenía, por lo que una vez que la expedición abandonó su planeta les dio por adorar al sol, y los más hábiles se entregaron a la difícil tarea, por su escasa habilidad manual, de grabar en piedras y arcillas lo que habían visto y tratar de interpretar lo que les habían intentado contar a cerca de su misión y posible plan de evacuación futura, que fueron trasmitiéndolo de generación en generación, ¡y cada vez más deformado y exagerado!

Por supuesto que a su regreso a las Galaxias Centrales los expedicionarios dejaron constancia del estado de la Tierra, e introdujeron sus datos en sus computadores para crear un modelo de tiempo que le indicara más o menos cuando deberían volver porque sería necesaria su evacuación.

Naturalmente que no les voy a revelar esta fecha, pues si me pescan escribiendo este mensaje o averiguan que lo he enviado, siempre será un atenuante el no haber revelado este tipo de fechas tan cruciales. Sólo les contaré el final de esta historia y su relación con nosotros.

En efecto, el sol perdió gradualmente su capacidad de fusión e iniciaba ya el proceso, dado su pequeño tamaño, de convertirse en una estrella enana. Naturalmente que este proceso dura millones de años, pero en un momento dado de su declinar, las condiciones ambientales de la Tierra se estaban haciendo cada vez más catastróficas, con grandes alteraciones climáticas que repercutían con la capacidad de la naturaleza de realizar sus funciones vitales. Esto no sucedió en uno ni en cien años, sino en miles. Es decir, que pueden estar tranquilos que para las fechas en que recibirán este mensaje las cosas están tranquilas y no hay por qué alarmarse. Tal y como tengo registrado en mi base de datos, cuando se produjeron los primeros síntomas catastróficos, asociados con los fallos en la fusión del sol, ustedes ya estaban capacitados para enviar sondas espaciales a otras galaxias, y desde luego no sólo tenían facilidad para enviar naves tripuladas a los planetas de su sistema, sino que ya había colonizado alguno de ellos, sobre todo su satélite, Luna, un lugar de vacaciones muy concurrido. Por entonces estaba planeando ya enviar una misión tripulada a otra estrella, dentro de su propia constelación, porque ya tenían informes fidedignos de que tenía planetas con alguna forma de vida. En el Centro de seguimiento de las Galaxias Centrales estaban al corriente de sus avances, pero dado que el planeta todavía no estaba en riesgo de muerte no intervinieron.

Pero las cosas empezaron a cambiar en cierta manera más rápidamente de lo previsto, por la aparición de grandes manchas solares que afectaron peligrosamente a la Tierra. Ustedes comprendieron la gravedad de la situación pero tenía escasas posibilidades de encontrar una solución, dado que su capacidad para abandonar en masa el sistema solar en peligro de colapsar era prácticamente nula. Entonces en las Galaxias Centrales se tomó la decisión de intervenir, tal y como estaba previsto, para evacuar tantos terrícolas como fuera posible, y llevarlos a otros planetas de otras constelaciones, que no estuvieran en riesgo inmediato de colapsar. Pero como puede suponer, pese a la gran envergadura y capacidad de sus naves, no sería posible evacuar a toda la población, por lo que la mayor parte de ella tendría que ser abandonada a su suerte.

La operación de evacuación se inició en una fecha que por razones ya expuesta no les revelaré, pero fue bastante traumática. Como es natural sólo evacuaron a aquellas personas que fueran adecuadas para ser los pioneros en la colonización de nuevos planetas, bien fuera por su preparación profesional, su estado de salud, su lucidez mental o cualquier otro aspecto que les destacara de los demás. Las pruebas de acceso no revestían problemas, dado lo complejo de los sistemas de análisis de los evacuadores, pero como es natural nadie quería quedarse en un planeta condenado. Sin embargo tampoco cundió el pánico, porque la vida en su planeta, a pesar de los bruscos cambios medio ambientales, no estaba amenazada con carácter inmediato y había tiempo suficiente para prepararse para el final, es decir, los que no pudieron o no quisieron emigrar planificaron la natalidad de manera que ya no nacieran más generaciones.

Naturalmente que esta idea, aunque razonable, era triste y no agradaba a nadie, de ahí las luchas por conseguir ser evacuado. Pero la misión de la Galaxia Centrales fue extremadamente intransigente y rigurosa, y la selección fue inevitable.

Afortunadamente por entonces ustedes ya habían establecido contacto con el Consejo de las Galaxias Centrales y sabían que se produciría esta evacuación en caso extremo. Esto ayudó a desterrar toda clase de fanatismos religiosos basados en mitos y leyendas, como el de la Nueva Jerusalén, cuyo origen ya conocen, y motivó un gran estímulo de superación en todos los sentidos para llegado el caso ser uno de los evacuados. Hasta un total de 10.000 naves participaron en esta primera y última operación y fueron evacuados cerca de 10.500.000 terrícolas a diversos planetas habitables, de condiciones atmosféricas similares a la Tierra, repartidos entre varios sistemas estelares de la Vía Láctea. Una comisión de notables fue enviada a las Galaxias Centrales, para que formaran parte del Consejo y pudieran participar en futuras decisiones o negociaciones de alto nivel.

Bien, a grandes rasgos, eso es todo. Ahora sólo me queda contarles algo acerca de la situación actual, me refiero a la de mi tiempo.

Lamentablemente somos la última zona viva del universo, es decir, donde todavía la gravitación es estable, pero estamos rodeados de los restos del universo en caos y por el abismo, a través del que por el momento no hay posibilidad alguna de viajar. Por supuesto que ya no existen las Galaxias Centrales, que están también en caos, pero sigue existiendo el Consejo en una de las estrellas más seguras de nuestra constelación, al menos por el momento. Puede decirse que ya no quedan mundos habitables por colonizar y lamentablemente estamos condenados a desaparecer, al menos que seamos capaces de navegar por el abismo, algo que dudo que pueda llegar a ser posible, dado que la estructura del tiempo y del espacio es demasiado grande para nuestra realidad natural. La verdad es que en casa somos bastante pesimistas. No obstante, nosotros moriremos mucho antes de que todo esto se termine y personalmente no estoy interesado en tener descendencia, ¿para qué? Tampoco hay que ser alarmistas, porque todo tiene un final; lo tuvo su planeta y lo tendrá el universo entero.

Pese a lo traumático de la evacuación, tampoco los que se quedaron tuvieron grandes problemas para aceptar el final. De hecho la Tierra quedó deshabitada miles de años antes del colapso del sol. Ya a finales del siglo XXII el número de nacimientos no superaba al de defunciones, y eso a pesar de que para entonces la expectativa media de vida era de 150 años. Llegó un momento en su planeta en que la mayoría de la población tenía un promedio de 120 años de edad. Poco después moriría el último ser humano en la más absoluta soledad, y sólo quedaban algunos grandes primates en los zoológicos, que fueron liberados, pero ya era imposible que a partir de ellos pudiera evolucionar una nueva raza humana. Así es que, muchos siglos después de que una parte de su población fuera evacuada para colonizar otros planetas, la raza humana terrícola se extinguió por su propia voluntad y sin ninguna clase de violencia. Varios millones de años después el sol colapsó y el sistema entró en caos, como sucedería después con el resto de las constelaciones de la Vía Láctea. Y esta es la historia que deseaba contarles, y que espero no les afecte o les deprima, porque es inevitable e irreversible que suceda de esta manera.

Ahora ya sólo nos queda la duda de si el ser humano como especie será o no capaz de atravesar el abismo y poblar otros universos paralelos. Pero hasta ahora todos los experimentos, pruebas y lanzamientos no tripulados que hemos realizado han resultado un fracaso y todo nos dice que no es posible, primero porque los universos estables están separados por espacios infranqueables, es decir, por abismos, y después porque los universos paralelos, incluso los más jóvenes, tienen su propia capacidad de crear vida y nuevos seres humanos, de ahí que sea innecesaria una nueva migración, que por otro lado sería ¡a ningún sitio, dado que el abismo, como digo, es infranqueable!

Ah, por cierto que no les he hablado de que por aquí corre la idea de que cuando el universo colapse en su totalidad y muera la última forma de vida, es decir, el último organismo vivo, se abrirá para nosotros una nueva e imprevisible dimensión a la que los filósofos llaman «la nada». Este es el último consuelo que nos queda, pero obviamente es relativo, porque a pesar de toda nuestra avanzada tecnología y nuestra extraordinaria capacidad de raciocinio, seguimos sin tener una respuesta razonable de qué es realmente la nada. Sólo sabemos que es el origen de todas las cosas aparentes, pero, como se pueden imaginar, después de descubrir la existencia del exoespacio, y que éste a su vez está contenido en otro súper exoespacio, y así hasta el infinito, cualquier posibilidad de averiguar el origen o la causa primera de todo esto es teóricamente imposible. A esta causa inconcebible seguimos llamándola lo divino, es decir, la causa del movimiento de las cosas, ¡pues no hay duda de que se trata de una característica de la misma naturaleza, pero inconcebible para la mente del ser humano! Por supuesto que no es admisible ni razonable la idea de un dios único y concreto, como sucede en su tiempo, pues como les digo, la nada no puede tener atributos ni ser una idea concreta.

Bueno, ya no me quiero extender más, no sea que venga alguien por este laboratorio y me pille enviándoles a ustedes este mensaje. Así es que me despido con el deseo de que esta historia les haya entretenido.

Afectuosamente, ¡un amigo extraterrestre!

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